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lunes, 16 de mayo de 2011

Poli nos echa de la puerta del sol acampadasol.

lunes, 3 de enero de 2011

Sólo 20% de jóvenes pobres acceden a enseñanza superior. Periódico La Jornada.

El país, incapaz de evitar que origen social condicione destino educativo: Tuirán

Quienes tienen los ingresos más altos cuentan con cuatro veces más posibilidades de cursar ese nivel de estudios

El DF, la entidad donde más alumnos pueden llegar a licenciatura

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Incrementar el número de becas, entre las opciones para que más alumnos de bajos recursos económicos accedan a la universidad. En la imagen, estudiantes y docentes de la UNAM que asistieron a una conferencia sobre cambio climático el año pasado. Foto María Meléndrez Parada

Karina Avilés

Periódico La Jornada
Lunes 3 de enero de 2011, p. 29

Hoy día sólo 20 por ciento de los jóvenes más pobres en el plano nacional acceden a la enseñanza superior, mientras aquellos con los ingresos más altos tienen una probabilidad cuatro veces mayor de cursar una carrera universitaria, desigualdad que evidencia la incapacidad del país para impedir que el origen de clase condicione el destino educativo, social y laboral de dicho sector, advierte el subsecretario de Educación Superior Rodolfo Tuirán.

Afirma que la disparidad económica y social, además de condicionar el ingreso a dicho nivel educativo, también contribuye a reproducir las divisiones sociales mediante el acceso selectivo a las instituciones, según el origen socioeconómico de los alumnos.

Así, el funcionario federal apunta que una nación con poca movilidad social tiene el peligro de generar frustración y resentimiento social, con los costos que todos conocemos.

En entrevista, Rodolfo Tuirán anuncia que, no obstante lo anterior, hoy se puede hablar de un recambio en la composición social de la matrícula universitaria, porque los grupos más desfavorecidos se incorporan cada vez más a la enseñanza superior: su número aumentó de 458 mil en 2004 a más de 700 mil en la actualidad.

Lo anterior, añade, podría beneficiar una inserción más favorable del país a la economía del conocimiento y un aumento de la competitividad y la productividad. Además, reforzar el papel de la educación como palanca de movilidad y cohesión social, apuntalando a las clases medias, y reducir las brechas en el acceso a la enseñanza profesional. La masificación de la educación superior, destaca, es la base de la construcción de una ciudadanía democrática.

El funcionario explica que la inequidad en el ingreso a la educación superior es resultado de un proceso en el que se acumulan múltiples situaciones de exclusión en la biografía de los jóvenes.

De acuerdo con datos de la subsecretaría que Tuirán encabeza, las brechas están marcadas por región, origen rural-urbano, entre las mismas zonas metropolitanas y por entidades federativas. Así pues, las diferencias entre la ciudad de México y un estado como Querétaro son abismales.

En la capital del país 57 por ciento de jóvenes acceden a dicho nivel de estudios. En contraste, la cifra para los jóvenes queretanos es de apenas 16 por ciento, el índice más bajo a escala nacional.

Después del Distrito Federal, las entidades con más altos porcentajes en materia de cobertura de enseñanza superior son Nuevo León (38 por ciento), Sonora (37 por ciento), Nayarit (37 por ciento), Sinaloa (36 por ciento) y Colima (35 por ciento).

Los estados con más baja cobertura después de Querétaro son Chiapas (18 por ciento), Oaxaca (18 por ciento), Guerrero (19 por ciento), Guanajuato (20 por ciento) y estado de México (21 por ciento).

Por regiones, las distancias son igualmente marcadas. Mientras en las zonas sur y península accede 15 por ciento a educación superior y poco más de 20 por ciento, respectivamente, en el noreste lo hace más de 35 por ciento y en la capital y la región este 30 por ciento.

El programa sectorial planteó como meta pasar de 15 a 18 estados, con un nivel equivalente a 25 por ciento o más de jóvenes que acceden a dicho nivel educativo. Ese objetivo ya fue superado, debido a que 24 entidades rebasaron ese índice en 2010.

Sin embargo, México aún está lejos de tener igualdad de oportunidades en acceso a enseñanza superior: 20 por ciento de jóvenes provenientes de los hogares con menores ingresos asiste a la universidad; esto es, 7 por ciento más en comparación con 2004, cuando la cifra era de 13 por ciento.

La desigualdad social y económica limita el ejercicio pleno del derecho a la enseñanza en ese sector, señala Tuirán. De esta manera, abunda, el país desperdicia uno de los activos más importantes con que cuenta (el potencial de sus jóvenes), mostrándose incapaz de impedir que el origen social condicione en buena medida el destino educativo, social y laboral de esa población.

Pero además, advierte, dicha desigualdad condiciona el acceso a “circuitos diferenciados de calidad según el origen socioeconómico o el tramo de ingreso de los estudiantes, con lo cual contribuye a reproducir las divisiones sociales.

Este acceso selectivo se puede entender a partir de la diferenciación social entre instituciones (de mayor a menor calidad), que genera a su vez una diferenciación social entre estudiantes. Así, la universidad o institución a la cual se ingresa es tan importante como acceder o no a la educación superior.

La exclusión se refleja en el rezago educativo o en el abandono temprano de la escuela, lo cual condena a los jóvenes a seguir trayectorias marcadas por la precariedad laboral, la baja productividad y los bajos ingresos, escasos niveles de bienestar y frustración, sostiene.

Por ello considera que para aumentar las probabilidades de acceso y permanencia a dicho nivel educativo por los jóvenes de bajos recursos es necesario multiplicar las oportunidades que brindan los programas de becas tanto de los diferentes órdenes de gobierno como de las instituciones públicas y particulares de enseñanza.

Refiere que dichos apoyos económicos se incrementaron de 162 mil en el ciclo 2006-2007 a más de 302 mil en el 2009-2010, lo cual equivale a un crecimiento de 87.1 por ciento.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Pobreza y bajo nivel educativo favorecen el ingreso a bandas. Periódico La Jornada.

Casi la mitad de los miembros de una pandilla en EU eran latinos

Las minorías pertenecen a las más grandes y activas, revela estudio

Ángeles Cruz Martínez

Periódico La Jornada
Viernes 31 de diciembre de 2010, p. 14

Las condiciones de pobreza y bajo nivel educativo en que se encuentran los latinos en Estados Unidos favorece su participación en pandillas y, por tanto, en actos delictivos. De alrededor de un millón de individuos que en 2009 formaban parte de alguna banda en aquel país, casi la mitad eran de origen latino, revela un estudio de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de California de Berkeley.

Asimismo, resalta que 40 por ciento de los miembros de esos grupos tenía menos de 18 años de edad, lo que representa un problema, sobre todo si se toma en cuenta que la población latina reporta un crecimiento más rápido en Estados Unidos.

Si bien la existencia de pandillas se da en cualquier estructura social o raza, señala el estudio, las de minorías son las primeras de la lista de las más grandes y activas. Menciona como ejemplos notables a los Mara Salvatruchas o MS-13, Latin King y la afroestadunidense Crips.

Respecto de MS-13 advierte que tiene de 30 mil a 50 mil miembros, de los cuales entre 8 y 10 mil se localizan en Estados Unidos. Otro dato alarmante para los investigadores es que a consecuencia de la deportación de personas ligadas a pandillas se ha propiciado la expansión de estas actividades delictivas a otras naciones.

En un principio la pertenencia a un grupo o pandilla significaba participar de redes sociales inexistentes en muchas comunidades minoritarias; sin embargo, muy pronto la falta de oportunidades económicas y sociales las llevó a convertirse en agrupaciones criminales, asegura la investigación de marras.

Destaca los factores de riesgo para el aumento de pandillas. Casi uno de cada cuatro latinos vive en una familia con ingresos inferiores al nivel de pobreza federal. A esto se suma que sólo 62 por ciento de los jóvenes se gradúa de la preparatoria contra 91 por ciento de los blancos no latinos que concluye este nivel educativo y 87 por ciento de los afroestadunidenses.

Advierte que aunque 16 por ciento de las personas de 18 años son latinos, éstos representan apenas 7 por ciento de los graduados universitarios en Estados Unidos.

Otro factor que influye en la proliferación de pandillas es que en las comunidades donde viven los latinos existe alto nivel de violencia. Ser parte de una banda significa para los jóvenes una opción viable para protegerse. Para los investigadores ésta es una situación crítica, pues por falta de recursos los inmigrantes se instalan en esos barrios que muy pronto los absorben.

Reflejo de ello es que los latinos adolescentes tienen mayores tasas de muerte por homicidio con arma de fuego que los no latinos. La tasa de encarcelamientos de latinos de 18 a 39 años nacidos en Estados Unidos es siete veces superior a la de sus contrapartes nacidos fuera de ese país.

El estudio Pandillerismo entre latinos en los Estados Unidos, que ya se presentó a autoridades mexicanas y estadunidenses, subraya que como pandilleros, los jóvenes están más expuestos al consumo de drogas, sobre todo a una edad mucho menor con relación a quienes no tienen ascendencia latina.

Al comentar sobre la historia de las bandas resalta que a partir de la década de los 80 del siglo pasado empezaron a crecer y a ampliar el rango de edad de sus miembros, quienes pasaron de entre 14 y 20 años, a de 12 a 40.

Las redes pasaron de ser un grupo de muchachos que compartían una cultura, costumbres y un idioma, a convertirse en organismos con apodos para sus miembros, así como símbolos y colores que los identifican. Adoptaron, además, normas internas de admisión.

Por ejemplo, cometer algún delito o cumplir una pena en la cárcel da la oportunidad de ser miembro de una pandilla; ser apuñalado o recibir un tiro en peleas entre pandillas otorga a los miembros el grado de veteranos y los convierte en líderes y reclutadores de nuevos integrantes a los que entrenan para cometer delitos.

Una investigación en cárceles, realizada por la Universidad de California-Berkeley, revela que 78 por ciento de quienes pertenecen a pandillas sufren una discapacidad emocional y de aprendizaje. La mayoría son de bajos ingresos económicos, tienen una historia de fracaso escolar y ausentismo; sus amigos son delincuentes y desde pequeños participaron en robos menores y presentaron trastornos de conducta en la escuela primaria.

Extranjeros abandonan las universidades de México ante la creciente violencia. Periódico La Jornada.

Casi 60 mil alumnos de la Universidad Michoacana de San Nicolás no acudieron a clases

Foto

Alumnos en la Biblioteca Central de Ciudad Universitaria. Foto María Meléndrez Parada

César Arellano y Laura Poy

Periódico La Jornada
Viernes 31 de diciembre de 2010, p. 34

La Secretaría de Educación Pública (SEP) aseguró que las universidades del país no sólo son vulnerables a los hechos delictivos del crimen organizado, sino que un efecto directo de la violencia es el debilitamiento de su quehacer esencial: la docencia.

El subsecretario de Educación Superior, Rodolfo Tuirán Gutiérrez, señaló que frente a la percepción de creciente inseguridad, algunas universidades extranjeras han reaccionado limitando el intercambio con instituciones mexicanas, lo que ha generado que miles de estudiantes de otras naciones abandonen sus estudios universitarios en México.

Sin embargo, en colaboración con la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), la SEP buscará consolidar los programas de intercambio estudiantil con Brasil, España y países de Centroamérica, con la finalidad de que esta percepción de inseguridad, eventualmente sea contrarrestada con el fortalecimiento de mecanismos de resguardo que se impulsan en todas las universidades del país.

Cabe mencionar que al menos tres estudiantes universitarios de instituciones del norte del país fueron asesinados y dos secuestrados en este año. A ello se suma un creciente número de alumnos extranjeros que han abandonado sus estudios en universidades públicas y privadas debido a las condiciones de violencia en el país.

Se estima que en la Universidad Autónoma de Tamaulipas poco más de 2 mil 300 jóvenes que cursaban alguna licenciatura en sus aulas regresaron a sus lugares de origen en Estados Unidos, Canadá, España y América Latina, mientras integrantes de la comunidad de la Universidad Iberoamericana en La Laguna cambiaron su residencia.

A esto se suma que durante los primeros días de diciembre la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo suspendió temporalmente sus clases por la violencia que enfrentó la entidad, lo que ocasionó que cerca de 60 mil alumnos de licenciatura no acudieran a las aulas.

Pese a este escenario de violencia que enfrentan las universidades estatales, Tuirán Gutiérrez insistió en que se trata de hechos aislados, aunque reconoció que el tema de la inseguridad en estas instituciones es relevante, debido a que no sólo está en juego, eventualmente, la integridad de las personas, sino el desarrollo de las instituciones de educación superior, el cual exige condiciones básicas de seguridad, pues sólo en esa medida es posible su florecimiento.

Prueba de ello, señaló, es que las universidades agrupadas en la ANUIES están fortaleciendo su capacidad de respuesta ante las condiciones de inseguridad en sus entidades, al igual que el subsistema de tecnológicos, porque consideramos que no sólo es relevante cuidar su quehacer esencial, sino garantizar que los integrantes de las comunidades universitarias tengan la seguridad y las medidas de prevención que se requieren para su desarrollo y seguridad personales.